Despedida, bienvenida o hasta siempre

por Agustina Bloom

Hoy está positiva y el sol le ilumina la mirada como nunca antes. Por alguna razón, sus emociones están más calmas y sus decisiones más firmes. Allá está parado el idiota de siempre, fumando como un desquiciado habitual. Dobla en la esquina 24. No quiere verlo. No ahora. Quiere mantener ese eje armónico, suave, algo pasajero quizás. La siguiente canción es tan melancólica que su pensamiento se desdobla: hola, ambivalencia.

Vuelve a buscarlo. Él ya no está parado ahí. Está lejos, se está yendo. Todavía se siente su perfume. Mejor seguirlo un poco. Mejor buscarlo y explicarle. No. Mejor le escribe y le dice que no más, que se acabó. Pero estas cosas se hablan cara a cara. Es que está muy lejos, la muchedumbre lo está tapando. Parece que está caminando muy rápido. ¡Que se quede quieto! Mejor acelerar los pasos e intentar alcanzarlo lo antes posible. Ya casi no se ve. La siguiente canción es de los dos, es decir para dos.

Pasaron seis cuadras y nada. No está. Se fue. Y así como se fue, no va a volver. Una canción para llorar personas, piensa encendiendo un cigarrillo. ¿Llueve? ¡Recién estaba el sol jugando allá arriba! Le va a escribir, pero esta vez para no sufrir. Los duelos son así. La lluvia también se va. Que sea lo que sea. Que quede vivo lo inmutable: la esencia y la constancia entre dos personas que se buscan y siempre se encuentran.

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