EL FUTURO

por Carlos Aymí

La fiscal miró al abogado defensor, al acusado y al juez. Finalmente dijo:

−El futuro ya está aquí, Señoría. Tal vez no es tan espectacular como nos habían prometido, pero es igual de peligroso.

Se juzgaba a Hipócrates, el primer robot acusado de asesinato. No tenía forma humana salvo por sus extremidades que podían ser catalogadas de manos y que le permitían operaciones quirúrgicas de la mayor precisión. ¿Por qué entonces había fallado segando la arteria? En un médico cualquiera habría sido considerado un error común, apenas se desvió unos milímetros, en Hipócrates, revisados los cálculos de la programación y comprobado que no se cometió ningún fallo informático, la fiscal veía un salto cualitativo de su Inteligencia Artificial para cometer no una negligencia, sino un crimen. 

En ese caso, ¿por qué Hipócrates habría querido hacer algo así? Durante el juicio la fiscal insistió en que la respuesta a esa pregunta era lo de menos, porque a los humanos, no tener claros los por qué, no nos exime de nuestras responsabilidades.

−¿Cómo se declara el acusado? –Preguntó el juez.

Y de inmediato soltó un bufido que recayó sobre su toga. Al juez todo lo que se había montado alrededor le parecía un circo provocado por los medios de comunicación. El trámite de la pregunta era un absurdo; el robot, que tenía un monitor viejo por cabeza, no estaba programado para hablar.

−No soy culpable –contestó Hipócrates.




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