PIEDAD

por Carlos Aymí

Recordé eso de que los borrachos siempre dicen la verdad… y yo necesitaba escuchar una, la que fuese. Por eso me acerqué al tipo de la plaza, parecía tener una buena cogorza con esas pintas y un vaso de vino en la mano. Me costó hacerme hueco, le escuchaban en semicírculo una decena de personas. Le eché treinta y tantos, su piel era cetrina, iba descalzo.

Jesucrito no está sentado a la derecha del Padre, soltó de golpe, y siguió. No resucitó al tercer día. Un dios no puede permitir que su madre le llore desconsolada sin volver a la vida de inmediato. Y si debe rebelarse, lo hará. Contra quien sea, contra lo que sea; hombres, otros Dioses, o religiones. Una madre es lo primero.

Dejó de hablar y el silencio envolvió la plaza. Depositó el vaso de vino en el suelo y se dirigió a un banco cercano, allí le esperaba una señora mayor. Ayudó a que se levantara y se marcharon con paso decidido, agarrados del brazo. Todavía pude fijarme en las cicatrices de las muñecas de él y en el rostro de serenidad, orgullo y agradecimiento de ella. Cuando desaparecieron me acerqué a examinar el vaso de vino.




Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Nosotros Nunca Existimos Ann Vallsel microcuentista carlos sevilla

¿QUIERES LEER MUCHOS MÁS CUENTOS CADA SEMANA?

MUCHÍSIMAS

GRACIAS ^^