LA VISITA

por Carmen Cano

El acontecimiento se produjo en nuestra era. A mí me lo contaron cientos de veces los más ancianos.

Los visitantes dejaron su huella y diferentes objetos. Para nuestra civilización es un hecho histórico, por ser la primera vez que apareció en nuestra órbita una nave que venía del espacio exterior.

Las primeras en detectarla fueron las mascotas, que levantaban sus hocicos oliendo a los cuatro vientos. Más tarde, apareció en el horizonte, blanca, redonda, con cuatro patas que se posaron sobre la superficie. El ruido era atronador y el aire parecía incendiarse. Los Jefes dieron la orden de permanecer ocultos en el cráter, mientras los vigías espiaban los movimientos de aquel extraño aparato.

Salieron de la nave dos individuos brillantes, con cabezas redondas y rostros transparentes. Se deslizaban con torpeza sobre sus extremidades. Aquellos gigantes daban saltos en el aire.

Se dedicaron a excavar rocas y transportarlas a la nave. Nuestro mayor riesgo era ser descubiertos, pues no se sabía si venían en son de paz o si pretendían capturar prisioneros. Pronto se hizo evidente que, si buscaban vida inteligente, no supieron dar con nosotros, tan distintos a ellos.

Era verano, pero nuestros antepasados temblaban de miedo. Por fortuna, permanecieron poco tiempo y hasta ahora no han regresado.

En el Museo Espacial se conservan los objetos que dejaron sobre la arena blanca del desierto: una placa que emite incomprensibles sonidos, varios discos metálicos y un palo con un tejido pintado con barras y estrellas.

Escritor

Carmen Cano Soldevila

Carmen Cano

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