Junkie

por Evaysol

Cierra las ventanas. Comprueba mil veces que el teléfono tenga tono y se sienta en un sofá de color café a ver una película que parece no tener color, sonido o sentido.

Como todo.

Cuánto de dolor puede traer el amor cuando se desintegra. Ella sólo necesita saber el límite de su propio cuerpo, de la curva cerrada de donde solían brotar sonrisas. Abiertas, como sus puertas, como sus esperanzas. Como sus planes.

A veces el dolor es tan intenso y tan sórdido que no admite lágrimas. Serían como encontrar de nuevo el pedacito de mar que los unió, que les acarició las pisadas.

Pero no es momento de encontrar nada cuando se está perdiendo tan despiadadamente. Es momento del sofá, de los días apenas vividos, de las horas muertas, de la película inútil, del silencio.

Del teléfono que no suena.

Del corazón que apenas late.

Del duelo de todo lo soñado.

De esperanzarse con la nada. De mirar para adentro y encontrar cómo era sentir la certeza de que todo pasa, de que siempre se aprende, de que lo que no nos mata nos hace más fuertes, y de que mañana seguramente será otro día. Qué diablos, insensateces, demasiadas frases hechas rehechas redichas como suerte de palmadas en el lomo cuando el dolor sólo sabe doler.

Cuando lo que uno más quiere se va, ni espejismos ni placebos. Tiempo y resignación. Y, además, un poco de suerte.




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