Hay trenes a los que hay que subir

por Grela Bravo

 

Hay trenes a los que hay que subir con la certeza de que el único riesgo sería no haberlo hecho.

Nunca es uno. Son muchos.

Tal vez no pasan continuamente.

Pero pasan. No dejan de pasar. Se suceden. Y sin embargo sucede, a menudo también, que su llegada nos encuentra desprevenidos. Justo con la mirada perdida en la otra dirección. Y el aire -imprevisto- que levantan, nos agita, nos asusta nos desconcentra, nos desconcierta.

Nos molesta al principio. Nos alivia y refresca, después. Retira el pelo y nos descubre.Nos desnuda un poco. Y otro poco nos abraza. Nos despierta. Nos alerta.

Y trae un vagón a nuestros pies.

Abre sus puertas. -“Pasa. ¿Entras?”

Como si se (nos) entregara sin preguntarnos el destino. Y antes de que te des cuenta se cierra. De nuevo. Sin remedio.

Con la misma energía que llegó. Con la misma fuerza inesperada que te sorprendió.

Solo si subes, cambia la perspectiva de la historia. Nunca el rumbo. Solo si te quedas en el andén, se repite y vacila.Una y otra vez.

Nunca es uno. Son muchos. Tal vez no pasan continuamente.Pero pasan.

Y volverán a pasar.De nuevo.

Otra vez.




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