IMPULSO

por Innestesia

Ésta es la pequeña gran historia de alguien que se atrevió.

Nadie conocía su pasión por el piano, siempre tocando a escondidas en la buhardilla de su casa solitaria. Solitario. Era un martes por la tarde cuando todo esto sucedió.

Los músicos del bar en un descanso y sólo se escuchan murmullos alrededor. Allí él, mirando de lejos la oportunidad de subir al escenario y tocar su pieza favorita. De repente, oportuno, un impulso que sale del corazón y unos dedos, nerviosos, que tamborilean en el borde de la silla. Parecen seguir un ritmo, un compás. Y quieren más. Mucho más.

La incipiente melodía le empuja al escenario con forma de rincón. Suena tan potente en su cabeza que ensordece las fobias de su interior. Que no son pocas. Ni escuetas. Camina porque ha decidido no pensarlo. Nadie se ha fijado en él mientras se sentaba en la banqueta, ni siquiera él mismo y ahí está, valiente, sucediendo.

Se rompe el ambiente y la sala entera con una sola nota. Qué pequeña fragilidad. Respira, cierra los ojos y se convierte en melodía. Comienza, entonces, el torrente imparable de música. Fluye, suena, siente, sonríe. Parece que su lugar en el mundo estuviera escondido en esta canción. Pertenecer. Que no falte detalle, que no quede una nota sin tocar. Encadenado al éxtasis de ser capaz de existir.

Frenan los dedos y frenan los latidos. Al final de la aventura, sólo aplausos vagos, cerveza en la barra y pura realidad.

 

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