Arlette Riquelme - 200 millas

200 millas aéreas

Las horas pasaban en aquel aeropuerto que debíamos hacer transbordo, en donde al fin, nuestros labios se juntarían para no volverse a separar.

Las horas se hacían eternas, el reloj no avanzaba, la ansiedad me consumía y tu avión aún no aparecía en la pantalla de anuncios.

Fue tu perfume quién me sacó de mis pensamientos, cuando sentí sobre mi cabeza un beso tibio y cargado de pasión y tus brazos sobre mi cintura lo que me hizo creer aún más en el amor que siento por ti.

—isculpa por llegar tarde —confesó.

—A mi vida, jamás llegas tarde, amor —contesté sonriendo.

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