A nadie le gustan las personas tristes

A nadie le gustan las personas tristes

—¿Qué es a lo que más le temes? –le pregunta el psicólogo.

—A que me pregunten cómo estoy –dice tímidamente intentando vocalizar para que se le entienda.

—¿Por qué? –dice el psicólogo intentando obtener una respuesta más elaborada por parte de su paciente.

—Porque siento que decepciono a la gente cuando respondo que estoy mal. Sus grandes expectativas hacia mis respuestas hacen que me vean como alguien anormal por no ser la persona feliz que necesitan en sus vidas. Supongo que a nadie le gustan las personas tristes.

—Tienes que entender que no nos educan para saber sobrellevar nuestras emociones, muchas veces incluso no estamos preparados para gestionar una felicidad inmensa. Con la tristeza viene a ser lo mismo, la gente no sabe cómo enfrentarse a tu malestar continuo. Aunque todo eso no significa que seas anormal, las emociones siempre han sido muy complejas, poco a poco sabrás cómo convivir con ellas – dice intentando darle esperanza.

—Quiero poder decir que estoy bien, en serio que lo quiero. Pero no quiero que sea mentira como la mayoría de las veces que lo digo – por un momento siente que va a romper a llorar e intenta evitar la mirada de su psicólogo.

—Lo lograrás, sin embargo tienes que tener paciencia, al igual que cuando te rompes el tobillo y necesitas reposo para volver a caminar y luego correr, tu mente también lo pide a gritos. El camino será largo, pero juntos lo lograremos, al menos has sido capaz de reconocer que necesitas ayuda y eso es un comienzo.

—¿Y si no consigo estar bien? –dice con voz temblorosa.

—Te ayudaré a intentarlo hasta que lo consigas. Siempre y cuando me prometas que no te vas a dar por vencido contigo mismo –por un momento siente miedo a la respuesta de su paciente.

—Lo prometo—dice mirando por fin a los ojos a su psicólogo dejando caer las lágrimas que tenía retenidas.

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