Algun dia - Paula Andeliz

Algún día

Quedaron como desde hacía diez años para el café de los jueves. Ambas aparecieron con el mismo impermeable amarillo que habían comprado juntas el otoño pasado. Al mirarse, se echaron a reír. Rebeca, cansada de una semana difícil, se dejó caer en la silla. Miriam le acarició la mano y, tratando de animarla, sacó su móvil para el habitual repaso a Instagram. Entraron en el perfil de una amiga del instituto que se acababa de casar. A Rebeca se le iluminó la mirada mientras deslizaba las fotos con una sonrisa de esperanza. Las palabras le salían atropelladamente, cargadas de emoción: —Algún día me casaré yo también. Iré de blanco y llevaré cola y una corona de flores y me bajaré de un coche elegante. ¿Tú crees que algún día lo haré? ¿Ponerme velo será demasiado exagerado? Y quiero que sea con Sergio…

Miriam escuchaba, al principio divertida, hasta que también a ella le empezaron a brillar los ojos y sintió el picor en la garganta que precede a la primera lágrima. Un sentimiento fugaz le atravesó las entrañas. Y es que, algún día, Rebeca tal vez se casara con Sergio. Y entonces Miriam, escondida bajo alguna absurda pamela desde el cuarto o quinto banco de la iglesia, lo observaría todo: el vestido, el velo, el ramo. El lunar de Rebeca bajo la oreja. Sus pestañas rizadas aleteando cuando reía. Su cintura estrecha y morena de los veranos juntas en Salou. Su cicatriz del hombro en forma de serpiente. La novia más preciosa del mundo.

Miriam, para aplacar el nudo en la garganta, dio un sorbo al café y su regusto amargo se le instaló dentro sin pedirle permiso. Acababa de comprender aquel sentimiento que lo cambiaría todo: su mejor amiga se casaría algún día y Miriam jamás podría soportar el dolor de que no fuera con ella.

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