Felix Aguilar - Avellanas

Avellanas

​Ella pasaba de tumbarse a ver pasar el tiempo con una maratón de la serie de moda en Netflix. No le gustaban las palomitas, ni los aperitivos de bolsa. Siempre había sido más de frutos secos. De avellanas tostadas. Le recordaban a los días en el bar del pueblo, a verano, a su abuelo dándole cinco duros para ir al kiosko. Las avellanas eran el ancla a su pasado.

​Su primer novio era alérgico a las avellanas. De hecho, lo comprobó cuando le dio a probar de su helado y se le hinchó la cara. A pesar de eso, estuvieron dos años juntos. “¿Qué habrá sido de él?”, se preguntaba a menudo.

​También recuerda cómo sus padres siempre guardaban un puñado de avellanas en el bolsillo, para los largos paseos por el parque. Por eso, cuando su padre murió, ella le metió en el bolsillo unas pocas, para ese largo viaje que tenía por delante.

​Y ahora, que era ella la que iba a morir, sabía exactamente el color que quería para su féretro.

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