Cómo escribir un microcuento: de la cabeza al papel




Por Alberto Piernas — A lo largo de la historia, muchos escritores han tenido que afrontar la llamada “crisis del folio blanco”, el resultado de un bloqueo que, a pesar de las ideas e imágenes que se nos dibujan en la mente, no encuentran su camino a través del documento.

Les pasó a muchos autores que en su momento no podían teclear el inicio de su novela a través de esa máquina de escribir. También al cuentista bloqueado delante de un visor web y, en estos tiempos, a aquellos escritores que buscan reflejar una idea en un microcuento de siete palabras.

“¿Una frase? Eso es sencillo”, dirán algunos. Pero lo cierto es que, cuando escribes una novela, quizás puedas permitirte partes más o menos interesantes. Pero cuando se trata de literatura tan breve como el microcuento, impactar con unas pocas palabras encerrando una historia mucho más compleja no es tan fácil como muchos piensan.

Vamos a descubrir cómo plasmar las ideas y, más concretamente, a la hora de elaborar el microcuento perfecto.

Desbloquear las ideas

Esa mujer africana que espera en el metro. El último drama de tu mejor amiga. La anécdota viajera que te contó tu tío. La vida y la rutina están llenos de imágenes que siembran una idea. Una que muchas veces cuesta plasmar en un documento y ampliar hasta convertir en la historia perfecta. Algunos lo llaman “el síndrome del folio en blanco”, mientras otros aseguran que tal mal no existe como tal. Y puede que sea cierto.

La opción de realizar una “lluvia de ideas” se convierte en la mejor forma de escribir esos pensamientos

Porque a veces, la opción de realizar una “lluvia de ideas” se convierte en la mejor forma de escribir esos pensamientos y analizar la conexión entre ellos. Esto nos permitirá ampliar la historia y ver hacia dónde nos lleva.

Un proceso que muchas veces se sirve de la inspiración que nos llega a través de la cultura y la contemplación, incluso de una mente liberada. O, ¿acaso soy el único al que, al viajar o pasear al atardecer por ese parque, las ideas le fluyen mejor?

Secretos que os permitirán crear desde esa gran novela hasta el mejor microcuento.

Historia de la creación de un microcuento

Hay dos palabras que definen el proceso de creación de un microcuento. Una es “instantaneidad” y la otra “reposo”. Muchas veces ocurre que se nos viene a la mente una idea o varias palabras que definen un momento pero aún así el resultado no nos convence. La “instantaneidad” se encarga de crear el microcuento (¡me ha venido esta idea así, como un rayo!) mientras el “reposo” termina de pulirlo.

Por ejemplo, se te ocurre la historia de dos personas que, tras conocerse en una escala de un aeropuerto, salen a pasear y dar una vuelta para, poco después, despedirse. Se atraen, pero no pueden estar juntos del todo.

Toma una libreta o una nota de Evernote (mi soporte favorito para tomar ideas sueltas) y escribe las frases que puedan definir esa historia cuanto más brevemente mejor.

La idea que prima es la de impactar al lector  con una historia de final impredecible.

 

Tras caminar por la ciudad, tomaron un café.

Entraron en el aeropuerto.

Se despidieron.

 

O esta otra versión:

 

Mientras el avión despegaba, la vida que soñaron se quedó atrás.

 

Sí. . . pero no, ¿verdad? Seguro que existe una forma mucho mejor de plasmar la historia de dos personas que se desean y comparten muchas cosas en común pero no pueden estar juntas.

Deja reposar esos textos y ponte a otras cosas. ¿No te ha sucedido que tienes un problema y aunque intentes darle cien mil vueltas el mismo se vuelve más grande y un día, de repente, lo ves de otra forma? Con los microcuentos sucede lo mismo, y estar seguro de la historia que queremos contar no siempre es suficiente. Tenemos que saber cómo contarla, suscitar misterio pero, especialmente, causar impacto.

Pasan los días, ojeas el microcuento y viene la idea.

En estas dos frases estás resumiendo una historia completa en apenas siete palabras, valiéndote de la elipsis que tanto caracteriza al microcuento. También contamos con la presencia de dos antónimos, que siempre causa mayor impresión, además del dramatismo y romance forman la temática que más triunfa en lo que respecta a la literatura breve. (Aunque este servidor sea partidario de apostar por todo tipo de temáticas).

Es en estos ejercicios donde reside la magia del microcuento: contar una historia amplia en apenas dos frases. Y si es en una, mejor aún. Porque si lo piensas, aquí no termina la capacidad de contar historias. Tu propio microcuento esconde muchas posibilidades a la hora de seguir descubriendo el resto de ese iceberg del que solo conocemos la punta:

¿De dónde venía cada uno de los pasajeros?

¿Por qué no podían estar juntos a pesar de venir de lugares diferentes?

¿Estaban casados?

Pero eso amigos ya es otra historia que un buen día llegará.

Al igual que tu microcuento perfecto.




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