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El chico que juró ser león

Esta es la historia de un niño que amó con paz y calma, dando tregua a camas vacías, portazo a piernas abiertas, y palabras a un cuento que nació con final.

Hasta que apareciste tú y le pusiste en su boca el deseo de escribir.

A ti te dio seis años de su vida y todo el color de la infancia.

Intentó parar el tiempo con cada abrazo que os dabais, tachar los finales que no fueran contigo, vivir a corazón abierto…

Un día trató de sumar los segundos que pasabais juntos y le sacó al invierno tres meses de ventaja, prometió ser luz siempre que estuvieras dispuesta a encenderte con él, y te quiso.

Te quiso tanto que se arrancó las líneas de la mano para coser un destino juntos, tanto, que por miedo a quererte demasiado, nunca se atrevió a tocarte. Sólo te vio una vez desnuda y ni siquiera ahí te hizo el amor.

Como lamenta ahora haber envuelto su vida en papel de regalo y habértela dado sin una carta de despedida. Te amó como le enseñaron. Preferiste el olvido, ¿qué sabía él?

Cuántas veces ha jurado ser león después de vomitar perdices y beber –de un solo trago– el licor de los que gritan: ¡vuelve! sabiéndose abandonados; cuántas veces se ha perdido buscando parques con pájaros en sus árboles y bancos que no arranquen la piel; cuántas veces ha huido de toboganes que desembocan en tu boca y de bares con copas donde beber el ayer.

Durante años solo se ha atrevido a ser el mismo en los sueños donde la respuesta a todo eras tú.

Enamorado, entregado, vencido, por una mentira.

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