Mai Alonso - Cielo invierno

Cielo de invierno

Dicen que los anhelos más puros que un día se apagaron se convierten en estrellas, en la luz del cielo que se enciende por las noches al calor de todo sueño. Ella que siempre creyó en sus letras dejó un día de creer en las palabras que la ataban a tierra porque al final siempre terminaba por llevárselas el viento y ella quedaba ahí, clavada, desnuda, deshecha y muda, quieta y herida en el perpetuo instante detenido, en el llanto olvidado en el fondo de un pacto.

Ahora las guarda en su voz callada, en silencio y apagadas, y las lanza cada noche al vuelo, al infinito cielo, para que no despertar la calma cuando el corazón habla y la tierra calla.

En verdad amor, —le dijo su propia estela—, la verdadera calma es el amor acariciándonos en un precipicio con vistas al mar, el segundero detenido en los labios en plena tormenta de verano, el relámpago recorriéndonos el deseo, el salitre y el sudor encendiendo el sol en la piel, la vida bailando en un césped repleto de margaritas.

Volverás a creer en ellas, en ti, en las letras de la esperanza, en la inesperada primavera. El mundo girará sin cesar al cerrar los ojos y volarás descalza y con lo puesto, temblarás incansable de emoción y sin miedo, la vida volverá a morderte con dulzura los orgasmos, volverá la ilusión a arder sin remedio entre tus dedos, a llover estrellas para apagarte por dentro, para llenarte de aliento.

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