Un beso al despertar y otro al soñar

por Agustina Bloom

Se dejaron llevar por las razones no lógicas del corazón. Es decir, llegó la dulce serenata de abrazos infantiles y besos desenfrenados y febriles. Terminaban desprendiéndose como pequeños hermanos que decidieron crecer y distanciarse. Ella lo miró por encima del amor y le dejó un beso en la frente y un adiós.

Juntó un par de recuerdos y cerró la puerta con un lenguaje corporal bastante superficial. La calle estaba más fría que su alma, pero más tranquila que su negación. La joven encendió un cigarrillo, miró al cielo y sonrió. En ese instante, fuera de la emoción, el mundo parecía algo perfecto. Y él estaba llorando y riendo mientras ella seguía yéndose, sin importar dejar atrás lo que alguna vez le generó tanto vuelo. Tan tonta, pobre chica. Se perdía el mejor laberinto para llegar al sol.




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