Premonición

por Agustina Bloom

Su sonrisa era distinta a la de ayer —y su mirada también—. El girasol que sostenía con devoción parecía vibrar quién sabe cómo y por qué. Caminando un par de cuadras —las últimas de la ciudad—, canturreó para sus adentros una canción significativa, la cual no hablaba de amor pero sí del corazón. Cerrando sus ojos y mirando hacia arriba —un cielo sin nubes y lleno de soles—, dejó caer el girasol al suelo e ingresó en el aeropuerto. Sin valijas: con vida. La joven estaba muy contenta, claro que lo estaba, puesto que pronto estaría tomando el viaje más importante de su historia, de su próxima historia.




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