PÁJAROS EN LA CABEZA

por Anna Gimeno

Tiene diecinueve años, dos remolinos indomables en el pelo y unos tejanos que le quedan apretados. Anda por la facultad sin apuntes y con la nostalgia puesta. Entre clases toma café solo sin azúcar y nunca habla con nadie.

Dicen que tiene demasiados pájaros en la cabeza, y que todos vuelan a contracorriente. “Cuánta razón tienen”, piensa en un suspiro.

Se mueve translúcida, casi transparente. Tiene muy poco tiempo para dormir y demasiados sueños recorriéndola salvajes por dentro. Siempre se sienta en el mismo pupitre cerca de la ventana.

Sus padres dicen que tiene demasiados pájaros en la cabeza. Que no espabila, que no aprende. Y ella debe pensar eso de “cuánta razón tienen”, antes de irse a dormir.

La chica de diecinueve años desaparece una mañana de abril, sin hacer ruido, sin levantar revuelo. La universidad se llena de murmullos y de hipótesis morbosas. Se comienzan a escuchar historias suicidas, desamores terribles, desánimos atravesados en la garganta.

Un pájaro apostado en el balcón, justo al lado de su pupitre, sabe la versión final de la historia, y la cuenta todos los días pero nadie lo entiende.

La niña se fue a volar con todos los pájaros de su cabeza. Y ahora extiende las alas por encima del cielo; este suelo era demasiado pequeño para tantas ganas de volar.




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