A mano armada

por Belén Prats

A las 2.45 am llegó la policía al domicilio alertada por las llamadas de los vecinos. Los gritos se escuchaban en todo el edificio. Cuando llegaron, descubrieron que la cerradura no había sido forzada y, sin embargo, toda la casa era un completo caos. Había cristales por la alfombra, y el reguero de bourbon caía como un río por la pared. La nevera medio abierta, la lámpara del salón todavía tambaleándose, plumas del sofá hasta en el pasillo. Y toda, toda la ropa por el suelo.

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