EL MICROCUENTISTA

por Carlos Sevilla

El microcuentista creía que la mejor manera de exorcizar sus recuerdos era escribiéndolos. “Entonces se apoderan de alguien más”, solía pensar. Pero le dijeron que intentar doblegar la nostalgia escribiendo, era como pretender olvidar el rumor de las olas nadando sin rumbo en el mar. Un amigo le recomendaría entonces buscar consejo en las profecías de una gitana.

— “Pero ten cuidado. Si no le simpatizas te dirá cuántos amaneceres te restan por ver”, le advertiría.

— “¿Y si le caigo bien?”

— “Te hablará del clima.”

Aquella tarde, la gitana le diría: “Cada vez que la recuerde, caminará hacia el sur”. Salió de allí desconcertado, inseguro sobre la impresión que le había causado a la pitonisa.

Los viejos pescadores del pueblo cuentan que la última vez que lo vieron, caminaba adentrándose en el mar. También dicen que si se presta atención, pueden escucharse fragmentos de historias entre el batir de las olas.




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