El tren del silencio

por Carlos Sevilla

En este tren nadie habla. Procura llamar a tu madre antes de abordarlo, no sea que alguien que la tenga ausente te escuche y contagies su viaje de una nostalgia insondable.

Solo los desquiciados hablan. Como aquella mañana en la que un hombre vociferaba porque solo le quedaba un puñado de billetes. La próxima vez, haz lo que todos hacen. Mantente absorto, mirando la pequeña pantalla.

Respeta el sueño de los que viajan desde una ciudad remota, del mismo nombre que la fundada por Seleuco el vencedor. Contempla tu reflejo en la ventana y percátate de cómo te has ido transmutando en esa masa silente.

Permite que las grúas del muelle difuminadas en el horizonte te hipnoticen, como ruinas del futuro, dinosaurios metálicos como los de aquella ópera espacial de tu infancia. Libera al niño que vive en ti y regálale una sonrisa a la dama que se siente invisible.

Atesora el recuerdo del vuelo de las guacamayas, el olor a lluvia del valle verdísimo, el silbido de tu padre, sin mediar palabra. No siempre hablar solo es de locos, pero lo es en este tren. Musicaliza tus recuerdos, mientras el vagón ruge hacia la ciudad de la bahía. Repasa tus bendiciones sin declamarlas.

Sueña con volver a ese país maravilloso, en el que sería imposible viajar tantos minutos callados, porque allá todos siempre ríen, incluso surcando la mayor de las tragedias.

Hasta que ese día llegue, guarda silencio en el tren. No sea que te tomen por loco.




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