Juego de cartas

por Cat Yuste

Todos nos sobresaltamos cuando Sergio entró en el bar y, cogiendo de las solapas a Jorge, lo zarandeó hasta dejarlo caer de nuevo en la silla. Farfullaba algo, pero iba tan borracho que ninguno llegamos a entenderlo.

Jorge ni se inmutó. Sólo lo miraba, admirado de que aún pudiera mantenerse en pie, a pesar del baño de alcohol que llevaba encima.

Sergio volvió a levantarlo, en volandas, y, de un certero puñetazo, lo tiró al suelo. Jorge seguía sin inmutarse, aceptando su castigo. Solo se tocó la cara para comprobar que, aquello que le chorreaba era sangre.

Conseguimos sacarlo de allí. Se retorcía y gritaba insultos a repartir entre todos y le repetía furioso, a Jorge, que se la tenía jurada.

Jorge volvió a la mesa. Impasible, barajaba  las cartas con la mirada perdida en el tapete. Se quedó hablando solo, lamentándose por la inoportuna interrupción, ahora que por fin tenía una buena mano.

Después, nos enteramos de que, lo que le sucedía a Sergio, era un doloroso ataque de cuernos. Se había enterado de que Jorge andaba jugando con su mujer.

Nunca supimos qué le dolió más: sí que ella hubiera caído en la trampa de un desgraciado como Jorge o que su buen amigo le hubiera traicionado.

No soy bueno consolando a los amigos, pero recuerdo que le dije que no se preocupara, conociendo a Jorge, pronto encontraría otra mujer con la que entretenerse.

Lo que no me esperaba es que, esa mujer, fuera la mía.




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