Estrella

por Félix Aguilar

A Estrella su madre le enseñó a vivir
ante un espejo.
Aprendió a besar
viendo a Clark Gable sin pestañear.
Sus manos temblaban cuando me acerqué
y sin querer le dije: “estás preciosa,
brillas más que ayer”.
Sonrojada, me miró y pude entender su mirada.
Había en sus ojos demasiada luz.
En su pelo prendida la misma flor
que delataba lo que, creo yo, que una vez me dijo
el viento se llevó. El viento se llevó…

Y todo pasaba tan deprisa,
creció y el tiempo deja una huella
más profunda en el alma
que en la piel.
Aún así, Estrella,
como si nada, se enfrenta al huracán
arremetiendo con fuerza.
No piensa en nada que no sea ganar.

Pero ahora Estrella sabe que la quiero.
No necesita preguntar por qué
y me visita con zapatos nuevos.
Ya no tiemblan sus manos cuando me acerco,
ni sirven los cumplidos, ni los piropos.
Pero el color de sus mejillas aún me recuerda
que al menos una vez, mi dulce Estrella
me sonrió y sopló tan fuerte
que el viento se llevó, el viento aquel adiós…

Y todo sigue pasando ahora
más deprisa aún, que yo recuerde,
pero su huella me hacía pensar
que el tiempo no te mata pero te muerde,
y el huracán llega el momento
en que te puede.
Rendirte debes, no queda más…

Y dicen que Estrella vaga por el cielo
buscando algún viajero
al que poder guiar.
Ella, como si nada, aún vence al huracán




Estrella
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