Seda o papel

por Félix Aguilar

Cuando llegó a su vida tenía los ojos secos, como la voz de Sabina un domingo por la mañana. Había estado llorando demasiado tiempo; tanto que ni recordaba cuándo fue la última vez que sus mejillas no habían sido recorridas por ríos de lágrimas. Le tendió las dos manos, una con un pañuelo bordado y la otra con un paquete de clinex:

—Tienes que elegir si quieres secarte las lágrimas con un pañuelo o con todos y cada uno de los clinex que hay en el paquete.

—¿Qué diferencia hay?

—La diferencia es si valoras más algo que te puede durar toda la vida o, si por el contrario, prefieres un tiempo en el que secar tus lágrimas, pero no detenerlas

Y entonces, alargó la mano, sin dudarlo y cogió el pañuelo bordado. Se secó las lágrimas y tras mucho tiempo, sonrió.




Seda o papel
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