A mí primero

por Fran López Castillo

Nunca voy a volver a estar tan atontado por alguien como lo estuve por ti. Supongo que me pillaste en la época en la que creía que el amor era como en las películas, y claro, tenías vía libre para aprovecharte de mí. Por ejemplo, ya no me imagino excusando a una chica que siempre me deja en leído porque siempre tiene lío; no como yo, que siempre sacaba un rato para ti. Tampoco intentando entender que no me elija el primero cuando yo con ella sí lo hago. Ya no esperaría a alguien que no tiene pinta de querer llegar hasta mí. Y tampoco perdería el tiempo con una chica que dice no saber lo que quiere si yo, con ella, lo tengo claro. Lo único bueno es que todo lo anterior me pasó contigo, que no eres mala, sólo tonta. Destrozaste, pero sin querer. Sin hacer sangre. Buscabas fuera lo que tenías a mano y sólo cuando lo dejaste de tener lo intentaste arreglar. El problema era que ya no había nada que arreglar. Al menos los dos aprendimos la lección, aunque en diferente sentido. Tú aprendiste que porque algo vaya a estar siempre ahí, no significa que no haya que cuidarlo. Yo aprendí que aunque quiera mucho a alguien, me tengo que querer a mí primero.




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