AMORES CABEZONES

por Fran López Castillo

Cualquiera que los conozca un poco te diría que son tal para cual. Que no funcionó, pero que debería haberlo hecho. Si les preguntas por el otro, ambos te contestarán que ya es pasado y que no sienten nada. Sonreirán al hacerlo mientras dicen que no le guardan rencor. Se esforzarán y mucho porque parezca la verdad. Lo que no te contarán es que se pasan el día en las redes sociales del otro, llenos de miedo por si ven alguna foto con alguien nuevo que de verdad pueda convertir lo suyo en historia. Tampoco que interpretan como indirectas cada canción que el otro pone en Facebook, o la cantidad de Whatsapp que antes de dormir se “han escrito” para después terminar borrando sin darle a enviar. Y que no te extrañe verlos a él hablando con chicas y a ella con chicos. Lo intentan, pero cada vez que ese alguien parece que podría ser interesante, pierde ese punto de atractivo en el momento que comprueban que la sombra del otro les viene grande. Las comparaciones siempre han sido odiosas, y más cuando comparas a quien de verdad quieres con quien te dices que quieres querer. Los dos saben que el mensaje es fácil: “Hola, ¿qué tal?” Si el otro diera el paso, los dos estarían dispuestos a volver a intentarlo, pero ninguno quiere ser el que ceda. Orgullosos como ellos solos. Cabezones. Preguntándose a todas horas si envían ese mensaje por fin y dejan de luchar contra lo que realmente sienten, como si no supiesen después de todo lo que han pasado que esa guerra no se puede ganar. El amor siempre vence a los cabezones, sólo necesita tiempo para salir cuando el orgullo de estos se viene abajo.




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