Pase lo que pase

por Fran López Castillo

Recuerdo cuando te conocí hace ya algunos años y me pareciste la persona más idiota del mundo. Jamás dejará de sorprenderme el azar por el que nacen los sentimientos, porque, pocos días después, estaba tomando algo contigo. Y las citas siguieron sucediéndose como las marchas de un coche, haciéndonos ir cada día un poco más rápido. Tardamos en darnos cuenta, desde luego. Quizá fue cuando llegamos a tal punto que el viento nos despeinaba el pelo, incapaz de frenar lo que crecía entre nosotros. Yo en ese momento noté que ya no era amistad lo que sentía, que quería más. Necesitaba seguir acelerando contigo según nos alejábamos del mundo y nos acercábamos a lo que estaba seguro que podíamos ser. Tú tampoco sentías vértigo de acelerar conmigo y, casi sin querer, comenzamos a pisar el acelerador juntos. 

No ha sido fácil mantener el ritmo que poco a poco hemos alcanzado. Piedras en forma de terceras personas, rayadas y enfados han provocado que a veces pensásemos en frenar, pero, como tú siempre me dices: «pase lo que pase, hay algo entre nosotros que jamás acabará». Y viviendo tu frase como verdad absoluta, sabiendo que no encontraremos a nadie que nos llene tanto como el uno al otro, sólo me sale cerrar los ojos y seguir quemando rueda a tu lado.




Pase lo que pase
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