Saudade

por Frank Herrera

Secando las acostumbradas lágrimas de sus mejillas, Bernie comenzó a empacar los artilugios que utilizaba para grabar como si fuera la última vez. Todas las veces fueron la última vez. Nunca dejó de registrar sonidos de la naturaleza, tal era su oficio, pero al terminar una sesión sabía que había atrapado alguna melodía que no volvería a escucharse jamás, tal vez el canto de alguna especie que huiría de ese bosque, hasta que se acabasen los bosques para esconderse de los cambios y terminase por extinguirse.

Bernie se propuso, como método de supervivencia, dedicar sus restantes días a la cacería de esos sonidos, para darlos en herencia universal. Así pues, hombre y sinfonía se persiguieron por algunos años más hasta el mutuo exterminio.




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