Siete minutos

por Grela Bravo

Hacía un tiempo ya que se miraban. Primero él a ella. Después de saberse observada, la curiosidad no pudo evitar corresponder, y también ella a él.

No habían cruzado más de 6 palabras, aunque sí se habían dicho mucho. Mucho más de lo que ni siquiera ellos sabían. Todo aquello que cabe en la certeza incontestable del silencio compartido en retinas. Les gustaba frecuentarse a hurtadillas. Con la adrenalina que despierta adivinar que el otro no está, ni lo espera. Sin embargo siempre quedaba el rastro de la visita. Como una huella de su paso por los balcones ajenos. Los restos diminutos de una luz, que había encendido antes tal vez una sonrisa. Sonrisa de encuentro, de aprobación. Sonrisa de abrazo. Sonrisa de complicidad sobrentendida. Sonrisa de ternura disimulada de quien espía.

Un día, sin más motivo ni porqué, subtitularon su cruce de caminos.

Hablaron.

Se preguntaron, se afirmaron. Se respondieron, se celebraron. Se rieron. Se sinceraron. Se recrearon. Se gustaron. Se tocaron. Se quedaron. Se enamoraron. Se despidieron.

-“(..) han sido los siete minutos más bonitos del verano“-




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