Naranja

por Haizea Ustaran

El hombre se sentó en el banco junto a la biblioteca, peló una naranja que sacó de su bolsillo y se la comió lentamente, recordando el sabor de las naranjas de su infancia, aquellas naranjas enormes, de piel dura que dejaban un suave aroma al acabar. Miró la suya con desagrado, no sabía igual. Ya no hacen naranjas como las de antes. Disgustado, la dejó en el banco y se fue. Mejor que los buenos recuerdos sigan siéndolo.




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