HIJA DE AZULES

por Isona Clarck

Nunca sabe muy bien cuál de sus pies saldrá a bailar primero, ni qué palabra callará aquel te quiero mientras se esconde en el lenguaje corporal de la ciudad.

Le dice a todo el mundo que llueve porque quiere, que es silvestre por parte de madre y tormenta por parte de azul, y a veces algún pájaro la sobrevuela como si la entendiera, y se queda un rato entre el tumulto de su silencio y el paisaje.

Tiene ese idioma incunable de la metáfora en el corazón, su alma no acepta otra voz que la de lo más incomprensible, (eso no la hace invencible, pero sí audaz, se dice cada vez que una lágrima la derrota), eso se dice para hacerse quién es.

A veces la noche es pasajera de otras vidas, a tientas sucumbe en orillas que desconoce por el mero placer de divagar, nadie la reconoce entre estrellas caídas de deseo y jirones y tampoco la luna, se atreve ya a decirle que no existe.

Cuando coge el paraguas olvida que es ella quien llueve y se arroja a la búsqueda de un charco que contenga su voz, como si derramarse fuera un principio desde el que aún no ha emergido, y el asfalto la promesa de un Ítaca para gorriones que al sol piden un cuento, un mito para volverse Ícaro, para arder. Nunca sabe muy bien si existirá en unos ojos que al fin comprendan, ni si alguien bailará su danza cuando se desmorone.




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