Cordales

por Javier Dominguez

Daniela examinó las cicatrices de Gustavo y le pareció que todo iba bien.

La operación se realizó días atrás en apenas unos minutos. En realidad, a Gustavo nunca le molestaron las cordales, pero fue la única excusa que encontró para volver al consultorio de Daniela después de que ella removió el cálculo, cambió las resinas y blanqueó los dientes.

Durante las sesiones ella habló sobre los colores de la boca. A Gustavo le gustó escucharla. También disfrutó hablar con ella a la salida, sus chistes, su risa. Daniela se acompañaba de bossa nova mientras trabajaba y Gustavo le regaló un disco de Gilberto Gil en una sesión. Se veían los viernes por la tarde, en su trabajo se extrañaban cuando se marchaba silbando a ver al odontólogo.

Así pasaron varias semanas hasta que ella sugirió remover las cordales y luego iniciar un tratamiento de ortodoncia con otro especialista. Gustavo accedió y llegaron a ese último viernes.

Ella lo acompañó a la salida, Gustavo abrió la puerta y ya bajo el marco dijo, resignado:

—Entonces, ¿no nos veremos por un tiempo?
—¿Sabes? Tienes una mancha blanca en un canino, tengo un químico que ayudaría con eso.
—¿Vengo el próximo viernes?
—Sí, claro.
—Y después, ¿puedo invitarte un café? —aventuró él.
—No. Te mancharías el diente —hizo una pausa —.Mejor el sábado en la tarde.

Gustavo sonrió, se despidió y se marchó silbando. La alegría no requiere de mayores cosas.

*Nota explicativa: Cordales o muelas del juicio.




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