Desde el ático

por Javier Dominguez

Liliana entró corriendo a la cabaña y se encerró en el ático. Había logrado escapar del zombi en el río, pero ella sabía que se movían en manadas y el resto no demoraría en llegar. Cerró todo y se escondió como había hecho antes con su hermano. Por desgracia, en una ocasión él se quedó afuera y decidió correr hacia al bosque para alejarlos. No volvió a verlo. Desde entonces ha sobrevivido sola, alejada de las ciudades, saliendo apenas para recoger frutas o revisar las trampas para conejos que su hermano le enseñó a poner.

Pero esta vez los zombis entraron en la casa, escuchó como tiraban cosas, así como sus pasos torpes e irregulares. Se quedó quieta hasta que los ruidos cesaron y decidió bajar. Destrabó la escalerilla y apenas la movió un zombi haló una de las patas y empezó a subir.

Liliana se arrinconó al fondo del ático. El monstruo subió y se arrastró hacia ella. Liliana lo pateó, él la sujetó por un tobillo, la derribó y la atrapó. Intentó quitárselo de encima pero no pudo. Él quiso morderla, ella lo esquivó. Desesperada, sólo se le ocurrió morderlo de vuelta varias veces hasta que pudo zafarse e ir a la salida. Entonces oyó un quejido. Reconoció la voz. Regresó. El cuerpo convulsionaba, la piel le cambiaba de color.

“¿Dónde estoy?” preguntó él. Liliana lo miró de cerca y reconoció la cara de su hermano. Una lágrima cayó cruzando su sonrisa.




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