El balón perdido

por Javier Dominguez

Francis, de puntillas, se estiró hasta donde le permitieron sus cuatro años y miró hacia el patio por la ventana de la puerta. A su izquierda estaba la pared de la casa del vecino, a su derecha la de la cocina que le bloqueaba la vista hacia el resto. Escuchó que patearon de nuevo el balón de fútbol y lo vio volando hacia la pared a su izquierda. La pelota rebotaba y rodaba sobre la grama amarillenta hasta perderse de vista.

Desde hace días no lo encontraba y no se lo dejaría a un extraño así de fácil, por eso abrió la puerta y corrió hacia ella para atraparla y pillar al pateador misterioso. Capturó la pelota, pero cuando llegó al medio del patio no encontró a nadie. Esperó un rato, pero no pasó nada.

Recorrió de nuevo el lugar y vio un agujero en el suelo, parecía la entrada de una madriguera. Entonces tuvo una idea y soltó el balón, volvió a la cocina y cerró la puerta, pero se quedó del lado de afuera, pegado a la pared de la cocina. Unos minutos después volvió a escuchar la patada contra el balón y lo vio volando. Se asomó con cautela y descubrió a unos duendes saliendo del agujero.

Francis se sorprendió y entró corriendo a buscar sus cartas de Pokemón para dejarlas ahí también ¿le gustaría eso a los duendes? Tenía que descubrir los gustos de sus nuevos compañeros de juego.




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