La última cena

por Javier Dominguez

Esa noche Ramiro sirvió el vino a su esposa y brindaron, ella resintió el sabor amargo del licor y bebió agua en un vaso amarillento.
Ella no hubiese permitido que los antiguos señores usaran un vaso así, pero tantas cosas habían cambiado desde que Ramiro se deshizo de ellos.
Cuando se apoderó de la Casa su primera decisión fue repartir los plátanos y otros productos de la hacienda entre los sirvientes, todos auparon aquello. Aunque los animales y los vinos quedarían sólo para la Casa. Algunas reses se usaron en los festines que vinieron después. Al poco tiempo los insumos disminuyeron y Ramiro limitó la cantidad de comida que la gente podía recibir.
Compró alimentos a otras haciendas con el oro que dejaron los señores, pero se agotaron también en un par de meses, muchos decidieron marcharse.
Ordenó al resto que siguiera trabajando, pero eventualmente todo se acabó, excepto en la Casa, ahí todavía había plátanos, carne y vinos. La gente se enfureció cuando lo supo y la pareja tuvo que encerrarse en la Casa para protegerse. Durante días se mantuvo el asedio hasta que esa noche empezaron a golpear con un tronco la puerta bloqueada del salón.
Entonces Ramiro y su esposa decidieron disfrutar de una última cena en el comedor junto con el vino amargo que quedaba, al fondo se escuchaba el eco de lo inevitable.




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