Retomar la casa

por Javier Dominguez

Para Sara.

Creo que Sara y yo vivíamos en la casa de nuestros padres sólo por costumbre: nacimos y crecimos ahí, nunca imaginamos que la dejaríamos hasta que ellos la tomaron. Sara se fue a España, yo me quedé en Venezuela.

Sin embargo, siempre tuvimos el deseo de volver a la casa. Por eso, cuando empezaron a dejar los sitios tomados me dirigí hacia allá.

La vieja llave giró y abrí la puerta. Entré a la sala, en el techo había un agujero y unas palomas que caminaban por los azulejos sucios, volaron hacia él. Vi muebles desvencijados, colchones rotos, armarios saqueados. Me dirigí hacia el pasillo que conducía a la cocina. Había una puerta que separaba la separaba de la sala. Esa la cerramos cuando ellos llegaron a la cocina.

Tiré la puerta, encontré la cocina desecha. Seguí hacia el cuarto del fondo para ver si mi antigua biblioteca seguía ahí, pero sólo quedaban montones de papeles mohosos. Regresé.

Aunque la casa estaba en ruinas, eso no opacó mi alegría. Regresé a la sala. Miré de nuevo el agujero en el techo y la cascada de luz. Ahí pondré un tragaluz y justo en el medio de la sala haré un pequeño tablao. Sara aprendió a bailar flamenco en España, le diré que se traiga sus cosas. Haremos un pequeño acto de bienvenida para Sara, para mí.

Un acto en el que celebremos que se han marchado y que hemos retomado la casa.




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