INMERSIÓN

por Javier Puchades

No era el mar, pero se le parecía. Más aquella tarde de finales de verano, cuando navegando con mi esposa por el lago, de repente, se desató el diluvio. Me habían avisado en el pueblo de que se avecinaba tormenta, aún así la convencí para salir.

Ella nunca había querido aprender a nadar. Por eso, a nadie le extrañó lo ocurrido cuando se cayó por la borda. Hice todo lo posible para solventar aquella situación. Pero, no pude evitar sonreír al ver sumergirse su incrédulo rostro, tras pisotear sus manos con las que se aferraba al borde de la barca.




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