Justicia poética

por Jesús Artacho

—Escucha este poema de Neruda -dijo ella, que acostumbraba a compartir con su novio  lecturas que le gustaban.
Y empezó a vocalizar con cierto arrobo:
—“Sucede que me canso de ser hombre. / Sucede que entro en las sastrerías y en los cines / marchito…”
—Para, para —interrumpió él al punto—. ¿Sucede que me canso de ser hombre? ¿De qué se trata? ¿Es una apología de la homosexualidad? ¿Una invitación al travestismo?
Se hallaban distendidos en el sofá, a medianoche. Ella se enfadó: entendía que el comentario, más que sentido del humor, volvía a evidenciar un sustrato algo homófobo y machista del que ya empezaba a hastiarse.
Pero, sin ninguna gana de discutir a esas horas, calló, como ausente, al tiempo que se descubrió incapaz de seguir aguantando: él, debía aceptarlo cuanto antes, no iba a cambiar de mentalidad. Y aquello, a decir verdad, le parecía que lastraba de forma determinante la relación.
Sin apenas intuirlo, quizá de forma en exceso radical, en ese mismo instante comenzó a imaginarse dejando todo aquello y volviendo, otra vez, a la soledad.




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