¿Espíritu navideño?

por Jesús Garabato

Y se ríe. Otra vez. Y eso que se la he pedido amablemente. Con este frío, yo la necesito más que él. A pesar de mis esfuerzos, la hoguera que he conseguido prender utilizando sus escuálidos brazos no calienta casi nada. Y ahí sigue el condenado, inmóvil en la orilla del río y observándome con sus ojos exageradamente abiertos. Espero que sepas nadar, maldito bastardo, le grito arrojándolo sin contemplaciones al agua; pero arrancándole previamente la maldita bufanda y, poco antes de fundirse, la zanahoria retorcida que tenía por nariz.




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