Perro apaleado

por Jesús Garabato

La vida le falló una vez más, llevándole de la mano por nuevos y amargos derroteros. Había sido medianamente feliz disfrutando de un trabajo aceptable y de la compañía de una mujer cariñosa y buena que supo ofrendarle el mejor de los regalos, su hija Eva. Parte de esa felicidad se truncó por la maldita crisis y el castigo cruel de la enfermedad. A pesar de la ternura de su hija, no logró cauterizarse su resquemor ni aliviarse su pobreza. Sin nada más que perder y pensando solo en ella, se deja atropellar. Así, con la indemnización, Eva podrá disponer de algunas oportunidades. Ya en el suelo, su rostro consiente una última sonrisa. No le fallará a su hija.




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