Arena de playa

por Kelamind

Miraba el techo fijamente, como si lo pudiera taladrar y sacar de allí una respuesta. Pero no.
Parecía que todo había terminado entre ellos. Ya no había llamadas, ni mensajes, ni tan siquiera una esperanza en forma de emoticono sonriente.
En realidad no podía echarle la culpa de nada. Era consciente de que sus relaciones naufragaban porque ella era un desastroso barco a la deriva, pero últimamente pensaba que quizás él era Ítaca y ella había sido muy tonta para verlo. Quizás estar juntos sí que era como llegar a buen puerto.
Desde entonces lo veía “En línea” y se mordía el labio hasta saborearse las ganas. Y también desde entonces recordaba cómo caminaban juntos por aquella playa. Sus pies soñaban que se enterraban en la arena tibia y se movían entre las sábanas. Un paso… Otro paso… Y así se dormía, recordando cada detalle. En una mano llevaba los zapatos ¿Y en la otra? En la otra tenía su mano, como si él fuera un niño y ella un globo muy deseado.
Y ella pensaba que él era su media manzana, porque lo quería y lo comería sin tener que
quitarle nada. Pero luego se despertaba. Y por la mañana ya nada importaba.
Sin embargo hoy, haciendo la cama, todo ha cambiado de forma inesperada. Ha encontrado arena de playa…Y la costa se quedó a seis meses y seiscientos kilómetros de allí. Y claro, ha cogido el móvil y le ha empezado a escribir.

Escritor

Kelamind




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Patricia Campos - VacacionesÁrtico - Nunca sabes