MARIO Y SU INJUSTICIA

por Luis García

Cada noche pateaba todos los bares de su barrio, en busca de alguna mirada perdida, de alguien que le diera cierto sentido a todas esas horas entre el whisky y la cerveza caliente. Mario era la alegría de las vidas tristes. Todos los borrachos lo miraban al entrar y se quedaban tranquilos pensando: está aquí Mario, menos mal, ya no me siento tan mierda. Febrero, toda la lluvia por delante, una simple chaqueta rota, unos zapatos sin cordones y su cigarro ahí, agarrado a sus maltrechos pulmones; pero bueno, a esas alturas de su vida, le daba igual esa gilipollez, como él decía. Rozando las tres de la madrugada, dentro del último tugurio, el camarero le pregunta que qué ha sido de aquellas aspiraciones que en su día llegó a tener. Mario solo pudo decirle que le fallaron, que todo le salió mal. Se fue del bar con una sentencia en los labios: un día quise ser el mejor, incluso lo tuve todo y ya ves, aquí estoy, dándole por culo a la vida, igual que ella ha hecho conmigo.

Escritor

Luis Garcia @luisgarciaph

Luis García




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