La poesía te salva

por Mai Alonso

Vuelves al verso pausado que duerme entre mis dedos después. Después de hacerte recuerdo obligado y arañarme el corazón al respirarte en todas las ausencias que dejaste, en todas las caricias grabadas en una piel en la que ahora eres cicatriz. En ese pulso desmedido e intenso, desbocado, que lucha por salir por cualquier lado.
Te he convertido en aquello que no se ve pero que las letras siempre salvan, grabadas en una piel que ha sostenido muchas vidas sin haber vivido realmente ninguna. Esperando esa luz que abriga el camino, los abrazos que nunca derribaron muros ni salvaron del frío y ni mucho menos, fueron casa.
Vuelves, como si mañana fueras a decirme toma mi mano, este es el camino. Abre los ojos, y respírame fuerte, hay estrellas fugaces soplándote los sueños y cierto placer en la melancolía de la punta de una pluma, en la tinta que desdibuja los nudos de la lengua, en el abrazo que quema, en el deshielo de las noches frías, atados de miedos y sueños una piel que lo mismo arde a pie de cama que incita al vuelo a cielo abierto, sujeta a la vida solo cuando la tiemblas en tus caderas.

Pero no en la pena. La pena es devastadora.
Todo lo devora. Los días, las noches, las horas.
Y lloras.
Y quien lo diría, pero yo solo puedo imaginarte en mis brazos, temblando, riendo, desnuda.
Llena de luz.
Como quien nunca se ha ido,
a salvo
eterna,
llena de poesía.




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