Lluvia de otoño

por Mai Alonso

Se besó apasionada.
Uno a uno todos sus defectos,
perdonándose su falta de coraje
sintiendo las caricias que dejó de darse
escuchando su latido al borde de una piel que fue coraza,
acariciando con dedos temblorosos
dibujando los trazos de todos los principios ,
dejando atrás un pasado sin abrazos.
Dicen que desde entonces,
hay algo de magia en ese instante en que te acercas a ella,
en el que, sin apartar los ojos de los suyos,
vas perdiendo forma y cuerpo hasta sentir solamente sus latidos en tu propia piel.
Es entonces y no antes, cuando sientes que te toca por dentro,
como si de pronto posara su mano suavemente sobre tu corazón,
como si el eco de tu voz retumbara cada vez más fuerte,
como si de pronto recordarás quién eres envuelto en una caricia que adormece tus
miedos, que calma el dolor, que ilumina los huecos más fríos con la luz que te regala.
Ese momento en el que si has olvidado tu verdad,
te pone frente a ella sin remedio.
Porque ella habla cuando tú callas.
Y es entonces cuando uno sabe y siente
que el corazón es el único lugar para inventar una razón.
El único lugar donde serás libre y sin condición,
donde siempre podremos volver para encontrarnos,
en este dulce vaivén de nuestros abrazos,
en esa respiración cálida y entrecortada,
en este aire limpio,
en esta lluvia de otoño improvisada.




Lluvia de otoño
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