Y después, tú

por Mai Alonso

Solo tengo que mirarte al trasluz de la sombra de tus pestañas, para saber que hay tristezas con sabor a invierno y que después tú.

Tú, el sabor del amor olvidado.

Tú que te hiciste nieve sin invierno, y llenaste de lirios blancos el cajón de los sueños rotos y de abrazos no pronunciados la almohada.

Tú que te sueñas, tan bajito como quien cree que puede guardar el olor a primavera en el hueco que su mano dejó en la tuya, tan ciega y sorda de saber que ella y sus flores nunca se han ido, y que nada que pueda retenerse en el corazón cabe en la palma de una mano.

Ni siquiera tú, pequeña.

Tú. Tan Llena de sueños. Tan llena de ganas. Pero tan olvidada, escondida a los ojos del mundo, quieta y callada. Haciendo de la resignación la maldita costumbre de vivirte así, sin la improvisada libertad de pensarte bailando en cualquier esquina, y sin darte cuenta al de que la vida no espera y que tú para mí, nunca dejaste de ser primavera.




Y después tú
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