Amor perpetuo

por María José Viz

El abuelo pasaba las páginas, mientras su nieta las olisqueaba con placer. El único y viejo libro, que tanto amaba, era El Lazarillo de Tormes. Desapareció con la muerte del anciano.

Los años acrecentaron el bello recuerdo de aquellas tardes, juntos. Alicia, ya en plena madurez, puso su empeño en reunir las ediciones más antiguas de la obra. Quería encontrar aquel añorado olor.

Alicia se volvió solitaria. Apenas salía. Al no saber nada de ella, los vecinos entraron en su casa. Estaba muerta, sentada y rodeada de libros, uno de ellos abierto sobre el regazo. Una sonrisa dibujaba su rostro.




Amor perpetuo
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