El dibujo

por María José Viz

María observa la hoja garabateada que tenía el color un tanto desvaído. «Ni Miró hubiese hecho algo así, hija mía», le decía el padre que aquel invierno se llevó consigo. La joven, con sonrisa tranquila, escucha la voz del recuerdo, presiente la delgadez y los ojos azules del ser que más admira, tras las sombras del armario. Se gira, ansiosa por recibir su abrazo, pero no hay absolutamente nadie. Lejos de sentir pena, María decide guardar de nuevo el viejo dibujo de su infancia, con la intención firme de volver a buscarlo y poder sentir aquella presencia arrebatada, tan cerca.




El dibujo
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