Elegida para la gloria

por María José Viz

Estaba convencida de que tener buena imagen sería la puerta para entrar en la élite literaria mundial. Una escritora principiante debía pensar en todo. Por eso, acudió a la boutique de Mari Pili y le compró el vestido de gala rojo del escaparate. No dudó en emplear un sueldo y medio en él. Cuando lo tuvo en su poder, se lo probó mil veces e intentó pasearse por su apartamento de cincuenta metros cuadrados. Percibía el cariñoso aplauso de Gabriel, Mario y Camilo José a su paso por la imaginaria alfombra de la sala de conciertos de Estocolmo.




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