Vida detenida

por María José Viz

¿Para qué correr? ¿Acaso me esperan en la oficina? Aún me parece estar oliendo el asado de mi mujer… Miro al cielo y el sol hiere mis cansados y derrotados ojos. El otro día, por pura casualidad, encontré en la basura un trocito de espejo. Me asustó mi imagen. Recuerdo la cantidad de gomina que solía echarme al pelo. Pretendía parecerme a Mario Conde, tener éxito y ser tan rico como él. ¡Qué ironías tiene la vida! Pronto descubrí que no era buen ejemplo. Soy pobre, pero he logrado arrebatar todos los sueños al viento. ¿Acaso alguien puede dar más?




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