El curioso caso de dos enamorados, perdidos.

por Paco Álvarez

Sientes el rayo de sol en tu cara. Entre sueños y un blanco nebuloso ves aquella sonrisa de pincel que te dibuja la mañana, sonríes con ciertas dudas.

Te acercas, a pesar de conocer la sordera de tu piel y de no hablar el lenguaje de sus señas, a pesar de entender por fin, que del amor no entiendes nada. Que el idioma más universal no es el inglés, sino el que dos hablan en la cama.

Tú la reconoces y ella a ti también, saben perfectamente que para ser de alguien tienen que ser de nadie, porque la libertad es la única que puede matarse si de amar se trata.

La neblina de tus ojos se disipa, y ves claramente la mañana, es cierto que el calor del sol te ha despertado, pero no hay ninguna sonrisa dibujada.

Pasas tu mano por el rostro, respiras hondo, sonríes, la has reconocido, sabes como es, como tocarla, como abraza; aún no la conoces, pero vas a buscarla. Desde ahora, siempre.

El curioso caso de dos enamorados, perdidos.
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