Cumaná

por Patricia Campos Ramirez

En algún lugar, pueden oírse campanas repicando felicidad.
Aquí, yo tengo los brazos desnudos y la espalda y las costillas. Y la felicidad vacía. Pero estamos bien, me digo. Andamos como siempre, bebemos algo, charlamos y, a ratos, olvidamos y sonreímos. Sin embargo, como un golpe de aire repentino, me deshago en un inevitable aullido ahogado, que se escapa hacia las calles desde mis ojos.

Mi alarido, trémulo y fracturado, se alza en el aire e infecta toda la ciudad. Y nadie se gira, nadie me alcanza su mano, nadie me llora, nadie ve nada. Nadie escucha. Y todos nosotros coincidimos en un susurro, en una especie de dolorosa sospecha. Parece que en algún lugar, pueden oírse campanas repicando felicidad. Y todos cantan.




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